Ciudadana Kaye, la Reina del Groove

Músico de estudio, bajista y mujer. ¿Se pueden tener peores condiciones para estar a la sombra de la sombra de los “Don Nadies”? No, lo siguiente.

Si pusiésemos en fila india todos los “hits” en los que Carol Kaye dejó muestras de su arte, tendríamos repertorio para bailar durante tres confinamientos, nos ahorraríamos toda mi palabrería y os dejaríamos con boca abierta y botines humeando. Bien, pues aun así, nos quedaríamos cortos. No sería suficiente para hacer justicia a uno de los músicos más admirados, a la par que desconocidos, de la industria musical, por lo que se vuelve más que necesario hacer visible su historia.

Sus progenitores, ambos, eran músicos. Pero no creáis que esta es la historia glamurosa de una saga de músicos de renombre. Nada más lejos de la realidad. Su familia, como otras tantas en Norteamérica, luchaba por salir a flote de la miseria generada por la Gran depresión. La pobreza acompañó a Carol en su infancia y marcará enormemente sus decisiones y su personalidad.

Desde muy temprana edad la vida adulta se le echó encima y tuvo que trabajar limpiando o cuidando niños (que paradoja) para llevar dinero a casa. Su padre era muy violento con ella y persuadió a su madre para que le abandonase, cosa que ocurrió al poco tiempo, estrechando aún más el caudal de ingresos familiares. Según ha declarado en varias ocasiones la música era el único elemento que trajo unión a la difícil situación familiar. A los 13 años su madre le regaló una “steel guitar”, que parece dominó rápido, ya que al año siguiente comenzó a impartir clases.

Carol Kaye a las 6 cuerdas

En la década de los 50, aún siendo una adolescente, empezó a dar conciertos en el circuito de jazz de Los Ángeles armada con su guitarra y su pasión por el “bebop”. Pero la necesidad apretaba y había que llenar las arcas. Por las mañanas ejercitaba sus dedos escribiendo a máquina en un trabajo como secretaría, y por las noches los mismos dedos se pasaban al jazz. Según cuenta la autora, el trabajo tipeando le proporcionaba la agilidad y entrenamiento requerido para poder tocar el vertiginoso “bebop”.

El momento bisagra en su carrera ocurrió en 1957 cuando el prestigioso productor ROBERT “BUMPS” BLACKWELL, le propuso que tocase la guitarra como músico de sesión para el “Summertime” del mismísimo SAM COOKE. Esto supuso un conflicto mental para la joven, ya que era consciente de que si entrabas en la dinámica de músico de estudio, dejabas de lado el circuito jazz, pero, por otro lado, las sesiones daban mucho más dinero que los bolos. El dólar pesó más que la carretera y se decantó por el trabajo de estudio.

Al año siguiente sería partícipe de un “hit” que tenemos instalado a fuego en nuestra memoria y ni siquiera necesita enlace a youtube. La Bamba de RITCHIE VALENS contó con la guitarra acústica de Mrs. Kaye inauguró la colaboración con el sello GOLD STARS, que a su vez fue el enlace para que empezase a trabajar con uno de los “totems” del sonido; PHIL SPECTOR.

Es en este periodo cuando la vida de nuestra protagonista adquiere dimensiones de superwoman, siempre con la necesidad por delante de llevar alimento a la mesa. Mesa que estaba ya ocupada con dos o tres hijos, según momentos, y el cuidado de su madre. Cuanta la leyenda como el espartano Phil Spector, conocido por sus duras sesiones de grabación, se veía obligado a hacer más “breaks” de lo normal por el embarazo de Carol, para el alivio de los demás músicos. Bajo la batuta del creador del “muro de sonido”, grabó guitarras para artistas de la talla de RIGHTEOUS BROTHERS o THE CRYSTALS y llamó la atención de otros productores.

De hecho, trabajando por encargo de Capitol records llegaría otro momento clave en su carrera. En una sesión en la que estaba inmersa en 1963 el bajista no apareció y fue ella quien le sustituyó, dando comienzo, de manera totalmente accidental, a una preciosa y fructífera amistad.

“Nunca elegí el bajo, el me eligió a mi” declara la artista, remarcando la casualidad en la decisión. Aunque no dejo de tocar la guitarra, el bajo se convirtió en su instrumento por excelencia. Dos grandes razones convencieron a Carol de no estar equivocada. Una de peso, ya que se percató de la creatividad e importancia que podía tener al mando de las 4 cuerdas, y la otra de sobrepeso, puesto que generalmente en las sesiones como guitarrista solía llevar 4 tipos de guitarra, mientras como bajista era solamente un instrumento el que cargar.

Y esto no era moco de pavo, ya que en su pico de máxima actividad, podía realizar 6 sesiones al día a lo largo y ancho de L.A.

Carol podía tocar contrabajo y bajos eléctricos de 4, 6 y 12 cuerdas.

En los 60 Carol Kaye era la primera en la lista de los bajista a llamar a filas. Su reputación en el mundillo de los músicos profesionales era tremenda y por fin pudo aliviarse de la carga económica que arrastraba desde su infancia. Es más, llegó a declarar; “tengo más dinero que el presidente de U.S.A.”.

Inmortales como “The beat goes on” de SONNY & CHER, “I´m a believer” de THE MONKEES, “River deep, mountain high”, de IKE & TINA TURNER, “Light my fire” de THE DOORS, “The boots are made for walking” de NANCY SINATRA, FRANK ZAPPA y su album “freak out”  y el que es considerado uno de los mejores discos de la historia; “Pet sounds” de BEACH BOYS. Todos, y muchísimos más, llevan la huella creativa de Carol Kaye. Incluso en los que no grabó, véase el “St. Pepper” de The Beatles, como reconoció Paul McCartney cuando declaró que buscó para dicho disco el sonido tan característico de la señora Kaye.

Y es que muchos coinciden en que su manera de tocar cambió la manera de enfrentarse a las cuatro cuerdas. Era partidaria de tocar en los registros altos y de crear melodías con el bajo, a diferencia de las líneas más simplonas que se estilaban por la época. Buscaba la sintonía perfecta entre el ritmo de la batería y la melodía de las voces. Como lo definió perfectamente Dr John: ”Te pateaba el culo con mucha dulzura”. Púa, fieltro en el puente, cuerdas de entorchado liso, “fender precisión bass” y amplificador de guitarra, eran sus ingredientes para sacar ese sonido único y originar riffs tan innovadores.

Pero el ritmo asfixiante de sesiones, horarios y trajín constante empezaron a pasar factura. En 1969 comenzó a estar aburrida de la música de sesión para el pop y el rock. Además, hay que añadir el hecho de que ya muchos artistas prescindían de músicos de estudio al ser ellos mismos quienes componían y tocaban sus canciones. Por todo esto, decidió pasarse a las bandas sonoras de cine y televisión y a la enseñanza.

Ese mismo año vuelve a la docencia dando clases privadas, pero además escribió el libro “How to play electric bass”, pionero y el primero de una serie de libros y vídeos que fue publicando a lo largo de los años. Ambos tipos de enseñanza fueron directa o indirectamente influencia para leyendas del bajo  como Jaco Pastorius, Christian Mcbride o John Clayton.

Si en el mundo del rock Carol coleccionaba “megahits”, para el cine y TV su aportación no fue menos significativa. “Misión imposible” de LALO SCHIFRIN, “La guerra de las Galaxias” JOHN WILLIAMS, “La familia Adams”, “La tribu de los Brady”, “Hawaii five-0” y un larguísimo etc.

Durante mucho tiempo se pensó que en 1976 un accidente de tráfico dejó prácticamente inactiva su carrera, pero como ella confesó más tarde, fue la violencia sistemática de un marido la causa de su abandono casi total.

Siguió trabajando a menor  ritmo durante las siguientes décadas, volviendo a dar conciertos de jazz (su gran pasión) y ejerciendo la enseñanza, incluso adaptándose a los nuevos tiempos impartiendo clases online. Además, sacó a la luz su propia música con temazos como el que enlazo aquí abajo:

En 2008 el documental “The wrecking crew” mostró al mundo la historia de los músicos de élite que fueron artífices de grandes canciones durante décadas. Entre todos ellos, CAROL KAYE era la única mujer. Aunque sufrió de las reticencias de algún productor, asegura que en el ambiente masculino en el que estaba inmersa primaba la camaradería, el buen humor y el trabajo en equipo, sin importar el género o la raza. Como ella misma dijo, “las notas musicales no son masculinas o femeninas, son buenas y malas”. QUINCY JONES, el mítico productor y asiduo colaborador de Carol, dijo de ella que “hundiría en la miseria a la mayoría de los bajistas”.

Cerca de 50 años de trayectoria, 10.000 sesiones de grabación de las que salieron la friolera de 40.000 obras. Inmenso legado que avala a Carol Kaye como uno de los bajistas más prolíficos e influyentes de la historia.

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