Pionerismo nivel Diosa: La necesaria historia de Wendy Carlos

¿Habéis oído hablar alguna vez sobre el método Wendy Carlos? ¿No? Yo, tampoco, pero si existiese, me hubiese encantado conocerlo. A pesar de que la vida de nuestra protagonista bien merece ser contada en las escuelas de todo el mundo, a día de hoy, no es ni siquiera un susurro dentro de la consciencia colectiva. Un tremendo ejemplo de determinación, superación y pasión por la música, que, desde ya, es para nosotros, uno de los mitos más destacables del S. XX.

Las adversidades estaban ya esperándola antes de que llegase al mundo en 1939. Wendy nació en Walter en el seno de una familia humilde. En los primeros años de su vida destacó por la precocidad en aprender y desarrollar sus dos pasiones; la música y la ciencia. A los 6 empezó con las clases de piano, a los 14 construyó una computadora y, poco después, fabricó su propia máquina de grabación de bobina.

Pasó de Rhode Island, su ciudad natal, a New York, su ciudad vital, para embarcarse en el periodo universitario sin alterar demasiado su microcosmos. Estudió física y música en Brown y composición musical en Columbia, haciendo inevitable que, con tal maridaje, se interesase por la música electrónica.

Será en la última de las universidades donde empiece a establecer contactos claves en su carrera. Asistió, ni más ni menos, que a Leonard Bernstein en un evento en la Philarmonic Hall. Fue alumna de Otto Luening y Vladimir Ussachevsky, figuras claves en el desarrollo de la música electrónica durante los sesenta, quienes, ya en la década anterior, habían creado el Columbia-Princeton Electronic Music Center, el primero de su tipo en USA.

Animada por Vladimir, el aún por entonces Walter Carlos, asistió en 1964 a una conferencia de la Audio Engineering Society, donde conoció, de una manera poco usual, a su media naranja musical. Robert Moog se había quedado traspuesto durante el evento, hasta que Carlos se acercó a despertarle y empezaron a conversar. Chispazo inmediato.

Será en esta etapa también en la que corrobore las sospechas que venía teniendo desde muy temprana edad. En entrevistas posteriores, la protagonista recordó como en los primeros años universitarios fue a una cita con una chica y sintió enormes celos de ella. En 1962 empezó a informarse sobre la temática transgénero. En 1966 Harry Benjamin publicó el influyente libro The Transsexual Phenomenon, y un año después Wendy le contacto para recibir asesoramiento. En 1968 comenzó la terapia de sustitución hormonal y empezó a vivir como mujer.

La amistad y colaboración con Moog dio frutos pronto. Robert era ingeniero, pero no músico. Wendy era las dos cosas, de ahí que la química entre ambos fuese tan potente. Varias y decisivas fueron las ideas que Carlos aportó en el desarrollo de los sintetizadores Moog. Entre ellas, destacan la incorporación de un teclado de piano; dando forma y sentido de instrumento al sintetizador, o el efecto glide; ese deslizamiento de tono tan característico en este tipo de artefactos.

En general, su insistencia en añadir más sensibilidad y versatilidad, consiguieron elevar el estatus del sintetizador de un cacharro experimental a un instrumento en toda regla. Muy significativas son las declaraciones del propio Robert Moog sobre el legado de Wendy: «Acumuló sonidos líricos que no habían sido escuchados en un sintetizador digital, nadie está en su liga».

En 1967 conocerá a Rachel Elkind, otro de los pilares de su vida. Antigua cantante y secretaria de uno de los jefes de Columbia Records, se convirtió en su escudera inseparable durante más de una década. Compañera de piso, de estudio, de negocios y productora del disco que vendría del futuro para cambiar la concepción de la música.

Tras haber oído la destreza de Carlos con los sintetizadores Moog interpretando música clásica, Rachel Elkind movió todos los hilos necesarios para hacer realidad un proyecto en esa dirección. Por aquel entonces, Columbia había lanzado una campaña conocida como Bach to Rock, aunque la reinterpretación de los clásicos del genio en clave sintetizador no cuadraban del todo a la disquera. No obstante, decidieron financiar el disco y dejaron libertad para que Elwind y Carlos lo produjeran a su antojo.

En octubre de 1968, Switched-On Bach explotó de manera inesperada para la mayoría de la gente, incluida Columbia Records. El éxito fue tremendo, tanto para Wendy como para el sintetizador. Tres premios Grammy, discos de oro, de platino, Nº1 en la lista de música clásica del 69 al 72, por nombrar solamente alguno de sus logros.

A pesar de disfrutar del éxito de su primer disco, la autora ha declarado como tuvo sentimientos musicalmente contradictorios, ya que ella no se consideraba una concertista clásica. La vía abierta con el álbum distraía su cruzada en pro de la experimentación con la música electrónica per se.

Pero no solamente sufrió conflicto musical, sino también una fuerte crisis emocional. El éxito inesperado del álbum exigió la aparición de la artista ante el público justo cuando estaba llevando a cabo el proceso de cambio hormonal, con la consiguiente alteración de su apariencia. El miedo y las dudas la invadieron, hasta el punto de vestir en ocasiones con peluquín, patillas e indumentaria masculina, como podéis ver en el vídeo de abajo. Finalmente, puso fin a la agonía en 1972, cuando con el dinero obtenido de las ventas se costeó la cirugía de reasignación de sexo.

Su segundo disco de estudio, The Well-Tempered Synthesizer (1969), seguía el sendero abierto por el predecesor, pero, esta vez, modernizando las obras de un variado elenco de míticos compositores.

Al comienzo de la nueva década, Wendy Carlos tenía pensado reinterpretar una pieza vocal clásica con el sintetizador. En ese periodo cayó en sus manos un ejemplar del libro de Anthony Burgess «La Naranja mecánica», cuyo contenido, pensó la autora, casaría de maravilla con el nuevo proyecto que tenía en mente. Ante su sorpresa, Stanley Kubrick anunció la adaptación cinematográfica de la novela. Wendy no perdió el tiempo. Escribió al director y le mandó el material que tenía preparado. Días después, cruzaría el atlántico para reunirse con el cineasta.

A pesar de que en la mezcla final no se incluyó bastante material que había creado, la artista valora de manera positiva la experiencia de trabajar con Kubrick, aunque confiesa, no es una persona de trato fácil. Cabe destacar que Wendy Carlos fue pionera, en esta ocasión, utilizando el Dolby por primera vez en la historia del cine.

Pese a las discrepancias, volvieron a colaborar en 1980 en el «El resplandor». No exenta tampoco de tensiones, supuso la última cooperación entre los genios. No obstante, aún nos dejó un proyecto más en el terreno de las bandas sonoras, cuando se encargó en 1982 de la música de «Tron», lanzada por Walt Disney Pictures.

Saliendo del corsé de la música clásica, empezó a navegar en Sonic Seasonings (1972) por los terrenos sonoros que más la llenaban. Según su propia definición, no es música para escuchar de manera concentrada. Mezcla los sonidos de «campo» con los sintetizadores y es, según muchos expertos, el primer ejemplo de ambient music. Se adelantó a las consideradas como operas primas del género; Zeit (1972) de Tangerine Dream y Discreet Music (1975) de Brian Eno.

Debido a la ansiedad provocada por su apariencia a comienzo de los 70, decidió desaparecer de la vida pública hasta que en 1979 la revista Playboy publicó una larga entrevista. En ella hablaba sobre su historia, sus miedos y su deseo de que llegue el día en el que su condición se convierta en un tema aceptado por la sociedad. En un acto más de valentía, abrió el camino para la comunidad transgénero siendo de las primeras personas en hablar publicamente sobre su experiencia.

Durante las siguientes décadas siguió produciendo música incansablemente. A ello, unió recientemente su trabajo como fotógrafa de eclipses solares, proyecto que ha llegado a ser publicado por la NASA.

Wendy Carlos es una persona muy influyente, tanto en la música como en la sociedad, en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, su figura es casi desconocida por la mayoría. Los cimientos de los sonidos actuales son deudores de sus innovaciones en la música electrónica. Su valentía, inteligencia y dedicación, forjaron un camino único e irrepetible, que abrió las puertas a muchos que vinieron después.

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